
La sola mención de Vicente Cantatore logra que los aficionados de más largo recorrido se pongan en pie. El técnico chileno (aunque nacido en Rosario, Argentina) ejerció de gran motivador en el vestuario de Zorrilla y, gracias a sus dotes casi mágicas de psicólogo (o tal vez parapsicólogo), logró algunas de las más imborrables gestas de la historia blanquivioleta. Cantatore fue también el entrenador de las grandes remontadas, el hombre que detuvo la caída del Real Valladolid en la temporada 1995-96 y que colocó con una rapidez inusitada las piedras para el último gran éxito del Pucela en Primera: la clasificación para la UEFA.
Cuando el presidente Marcos Fernández Fernández destituyó a Rafa Benítez el 24 de enero de 1996, el Real Valladolid figuraba como triste colista con 14 puntos en 23 partidos, a siete puntos de los siguientes tres clasificados (Racing, Albacete y Salamanca). Antonio Santos fue un paréntesis antes de la vuelta triunfal de Vicente Cantatore en su tercera etapa blanquivioleta.
Con el chileno al mando, el Real Valladolid ascendió como un cohete en la clasificación. En una hipotética tabla que abarcara los últimos 18 partidos de aquella campaña 1995-96, los blanquivioleta habrían acabado séptimos con 30 puntos, sólo uno menos que el Real Madrid. Después de 42 partidos (22 equipos conformaban la tabla), el Real Valladolid, al que todos daban por desahuciado tras la 'etapa Benítez', finalizó decimosexto con 47 puntos, a una distancia holgada de los puestos de descenso.
El gran mérito de Cantatore pasó por convencer a los alicaídos jugadores blanquivioleta de que la remontada resultaba posible, una receta que podría aplicarse en la actualidad. De aquella plantilla quedan en la actualidad Alberto Marcos en el vestuario, así como Juan Carlos Rodríguez Moreno y Javier Torres Gómez en las oficinas. La figura de Don Vicente se agrandó aún más en la siguiente temporada, cuando el Real Valladolid escaló hasta la séptima posición y jugó la Copa de la UEFA.
El ejemplo de Cantatore demuestra que un técnico puede encontrar la receta hacia el éxito si logra urdir los complicados hilos del vestuario, maneja un discurso ilusionante y logra inyectar una dosis considerable de fe a la plantilla.
Onésimo Sánchez no es Vicente Cantatore, pero de su ejemplo puede obtener parte de las recetas para sacar al Real Valladolid de la boca del lobo.
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