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Doce futbolistas brasileños han pasado por el Real Valladolid, pero sólo unos pocos han dejado la huella de jugadores importantes
4 de febrero de 2009

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Samba congelada
Heinze felicita a Rodrigo por un gol al Espanyol./ R. GÓMEZ
A. G. ENCINAS / A. P..-

Oldoni será el número 13. El 12+1, para los supersticiosos. Y tomará el relevo de los últimos brasileños en marcharse, Julio César y Rodrigo Fabri, hoy mismo, cuando llegue a entrenarse a los Anexos. La previsión meteorológica dice que hará frío. Mucho frío. Entre 3º de mínima y 9º de máxima, pero con bastante viento. Será el primer obstáculo en la adaptación de Oldoni a su nuevo club. Adaptación es la palabra de moda. No todos sus compatriotas lograron pasar la prueba. Algunos que llegaron con vitola de 'cracks', como Cuca, y otros que procedían del propio fútbol español, como Nilson o Toni, se estrellaron en el intento.

No es el Valladolid un club de brasileños. Han venido pocos, y su participación ha sido desigual. El primero en llegar fue Fraçao, un extremo derecho de 23 años. «Cruzó el charco hace cuatro años para enrolarse en un equipo de Primera División, y después pasó al Loire francés, también de Primera Categoría», decía EL NORTE DE CASTILLA en agosto de 1973. Su mejor actuación fue en el Trofeo Ciudad de Valladolid. Marcó un gol. «A los cuatro minutos de juego un centro de Amarillo lo remató Fracao en plancha y el balón llegó al fondo de la red muy ajustado al poste izquierdo», dice la crónica del periódico. Para el recuerdo dejó «un carácter muy alegre», según un ex compañero suyo de aquella época.

Mejor resultado dio Joao Vicente, otro extremo que, como Fraçao, llegó a prueba en verano. Éste procedía del fútbol portugués, concretamente del Vitoria de Setúbal. La directiva se fijó en él en el III Trofeo Ciudad de Valladolid en el que intervinieron el club luso, el Granada y el Dinamo de Kiev. Joao Vicente provocó un penalti, lo lanzó y se lo detuvo Llacer. En su primera entrevista como blanquivioleta dejó claro que era extremo, y no media punta, como decían algunos informes. «Voy a demostrarle que siempre he jugado de extremo. Voy a mi habitación a por una serie de recortes que tengo guardados», le decía al periodista. En el vestuario tenía un dicho curioso: «Soy Vicentinho, o rei de futebol, el mejor jugador brasileño». Y después se quitaba la dentadura postiza y la depositaba en el vaso de algún compañero durante la comida.

Hubo que esperar muchos años para volver a ver a un brasileño en el José Zorrilla. Llegaron dos de golpe, Cuca y Luiz Eduardo. Cuca era blanco, rubio y además internacional por Brasil. Era el 'crack' que había prometido Gonzalo Gonzalo si accedía a la presidencia del club. «Costaron un millón de dólares americanos», explica Javier Yepes, que fue el encargado de cerrar la operación. Casi todo el dinero era para pagar a Cuca. El Gremio de Porto Alegre perdía a una de sus estrellas. Apenas marcó cuatro goles en su etapa vallisoletana, aunque de muy bella factura. «Después se lo cedimos al Internacional de Porto Alegre. ¡Como si se lo compras al Real Madrid y se lo cedes al Barcelona!», explica Yepes. Poco después regresó traspasado a su club de origen.

Destinos alejados

Luiz Eduardo completaba el dúo. El Valladolid quería fichar a André Cruz, central zurdo que militaba en el Benfica, pero pedían muchísimo dinero. Se decidió por Luiz Eduardo, que vino veterano, ya con 32 años, pero que dio un gran rendimiento. Una osteopatía de pubis dio carpetazo a su carrera blanquivioleta. Se marchó a su país a recuperarse y poco después montó una granja de pollos. Nada que ver con Cuca, que hoy es un entrenador de prestigio en su país y ha pasado por banquillos importantes, como los del Fluminense, Sao Paulo o Flamengo.

Más tarde llegaron Iván Rocha y Toni. Rocha ha sido de los brasileños que mejor rendimiento han ofrecido en su paso por Valladolid. Metido ahora a representante de jugadores, fue el autor de los dos goles del Valladolid en Palamós, ambos de penalti, que sirvieron para ascender en la temporada 1992-93.

El caso de Toni representó el infortunio. El interior zurdo vino en noviembre tras cuajar buenas actuaciones en el Valencia. De hecho, una de ellas fue el detonante de su fichaje. El equipo ché se impuso en Zorrilla por 1-4 con un gran partido del brasileño. Era el 3 de mayo de 1992. Jugó poco como blanquivioleta. «Le dieron una medicación para curar una lesión y resulta que daba positivo. Tuvo que esperar hasta que desapareciera por completo y estuvo mucho tiempo sin jugar», cuentan fuentes que entonces estaban en el club.

Otro con problemas físicos fue Nilson. Delantero espigado, con experiencia en la Liga española, marcó dos goles al Tenerife en el Trofeo Ciudad de Valladolid de 1994. Fue una buena carta de presentación. Una dolencia intestinal grave a principio de temporada le condicionó durante todo el curso.

Entre los fichajes brasileños hubo uno que, como ahora Oldoni, recaló en el mercado invernal. Se trataba de Marlon Brandao, también era delantero y llegó en diciembre «porque no había nada en el mercado que fuera asequible», según Antonio Santos, en aquel entonces uno de los responsables de la secretaría técnica, que también cuenta en su haber con la llegada de otros dos brasileños, Rocha y Edu Manga, el especialista en rabonas. Brandao, de 30 años y 1,68 de estatura, apenas participó en 11 partidos de Liga y uno de Copa y no marcó ni un gol.

Entre los últimos en llegar estaba Arilson, un futbolista que se hizo famoso por atropellar con el coche a una joven que iba en moto. Arilson dio positivo en el control de alcoholemia.

Julio César fue otro caso peculiar. Jugó en el club en dos etapas diferentes, llegó con apenas 17 años y militó en clubes de la talla del Real Madrid.

El último brasileño salió de Zorrilla hace ya ocho años. Fue Rodrigo Fabri. Cedido por el Real Madrid, fue un jugador que dio un rendimiento excepcional junto a Víctor y Caminero. Coincidió en el equipo con Shoji Jo.

Pedro Oldoni, el brasileño número 13, jugará con el cuatro. Como si fuera un central, pero con la obligación de marcar goles. Tendrá que adaptarse. Y a poder ser, desde hoy mismo.

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